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Beltrones: ¿LA CORRUPCIÓN COMO DIVISA?

Se afirma, no sin razón, que en política no hay casualidades, y en esa lógica Manlio Fabio Beltrones, ahora se encuentra envuelto en una trama, junto con su hija, su esposa y un socio, por varios millones de dólares en Andorra.

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Se afirma, no sin razón, que en política no hay casualidades, y en esa lógica Manlio Fabio Beltrones, un hombre polémico –y quien tuvo un gran poder en el esplendor y en el ocaso del priismo–, ahora se encuentra envuelto en una trama, junto con su hija, su esposa y un socio, por varios millones de dólares en Andorra.

La nota del diario El País que da cuenta de este incidente arroja indicios razonables de que puede ser veraz este hecho que se expone. Lo es más por la desafortunada narrativa de la hija, Sylvana Beltrones, y de la esposa del político priista para explicar lo que, hasta este momento, parece inexplicable.

¿Por qué en Andorra, donde hasta 2017 había un férreo secreto bancario, y no en la Bolsa de Valores de Nueva York, que hubiera podido tener una mayor rentabilidad si se trata de dinero, como se afirma, bien habido? Es cosa de analizar los ingresos de Manlio Fabio Beltrones y su familia con los egresos.

La receta es tan antigua como segura para saber si hay o no corrupción: seguir la ruta del dinero. Si hay una razonable coincidencia entre lo legalmente declarado como ingreso y lo que se ha gastado (en bienes muebles, inmuebles, en bancos, etcétera), el político sonorense debería compartir sus secretos de cómo administrar magistralmente sus ingresos. Además, se daría por bueno que es un personaje modélico, un hombre pulcro y honesto en su paso por el servicio público, digno de ser emulado, faltaba más.

Por supuesto, existe el derecho a la presunción de inocencia del justiciable frente a la autoridad que lo debe mencionar como probable imputado, pero nunca como culpable hasta que la autoridad judicial competente así lo resuelva como cosa juzgada; es decir, sin que haya la posibilidad de apelar esa sentencia. Lo anterior, empero, no impide que la opinión pública, con razón o sin ella, forme su propia percepción de este descubrimiento periodístico que cae como bomba al PRI en pleno proceso preelectoral y que se suma al del ahora incómodo gobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, de extracción panista, quien se encuentra en un proceso de desafuero en la Cámara de Diputados con previsible futuro, tan es así que algunos gobernadores miembros de la Alianza Federalista se deslindaron del citado gobernante.

Y hablando de deslindes, bien hizo el canciller Marcelo Ebrard al no incluir en su equipo a uno de los reiteradamente señalados como operadores financieros más cercanos de García Cabeza de Vaca, Luis Rosendo Gutiérrez Romano, quien fungió como tesorero de la capital del país cuando Ebrard fue jefe de Gobierno.

La corrupción no ha desaparecido –ni desaparecerá– en México ni en el mundo, lo que está sucediendo aquí (y ha pasado desde tiempo atrás en los países desarrollados, sobre todo asiáticos) es que los umbrales de tolerancia jurídica cada vez son menores y la negociación de la ley ha reducido sus márgenes de maniobra respecto al pasado inmediato. Ello ha generado grandes disuasivos para incurrir en actos de corrupción y, por ende, los estímulos, por llamarlos de alguna manera, han decrecido por el riesgo que implica si son descubiertos.

Los casos de estos dos prominentes políticos del PRI y del PAN tendrán efectos negativos, sin duda, en los comicios de este año por varias razones: a) por la percepción de los electores –la mayoría de ellos– de que el PAN y el PRI no han cambiado, sino, por el contrario, demuestran que sus prácticas siguen siendo las mismas que los han caracterizado; b) por el temor, fundado o no, de los gobernadores del PRI y del PAN que prefieren ajustar su conducta conforme a derecho para evitar sinsabores jurídicos en su futuro inmediato, sobre todo al término de su periodo de gobierno (ahí está por ejemplo el exgobernador de Nayarit, quien había cumplido las reglas que habían caracterizado a la política mexicana: el único pecado que no se perdona es la falta de complicidad. Hoy ese principio vive una crisis); y c) la convicción (casi obsesión) del presidente Andrés Manuel López Obrador de utilizar todos los medios a su alcance para preservar el poder que resulta inédito en el México contemporáneo. AMLO podrá tener muchos defectos, pero la acumulación de riqueza no es uno de ellos. De haberlo sido, ya los servicios de inteligencia públicos y/o privados lo hubieran hecho público, lo que le da una ventaja competitiva que no puede presumir ningún gobernante del México contemporáneo. Seguramente Beltrones no será la única sorpresa y los meses que vienen irán surgiendo otros casos similares.

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