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SECUELAS MENTALES GRAVES EN SOBREVIVIENTES DE COVID-19. ¿CUÁLES SON?

María Elena Medina-Mora Icaza, especialista de la UNAM, expuso en una conferencia los principales trastornos sicológicos y neurológicos que presentan quienes padecieron los estragos del coronavirus.

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Un buen número de sobrevivientes de covid-19 presenta secuelas que van desde delirios, psicosis y hasta trastornos neurológicos graves, afirmó la directora de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), María Elena Medina-Mora Icaza.

Durante su participación en la conferencia “Importancia de la salud mental durante la pandemia”, organizado por la Facultad de Medicina, la experta comentó que aún no se sabe qué tan perdurables son estas secuelas de la enfermedad, aún sujetas a estudio.

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Un buen número de sobrevivientes de covid-19 presenta secuelas que van desde delirios, psicosis y hasta trastornos neurológicos graves, afirmó la directora de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), María Elena Medina-Mora Icaza.

Durante su participación en la conferencia “Importancia de la salud mental durante la pandemia”, organizado por la Facultad de Medicina, la experta comentó que aún no se sabe qué tan perdurables son estas secuelas de la enfermedad, aún sujetas a estudio.

Tampoco se conoce la relación entre el confinamiento y el deterioro cognitivo, pero sí se sabe que una persona con insuficiencia respiratoria tiene una puntuación de cognición menor (parecida a un Alzheimer leve) luego de ser intubada y que esto afectará a una cantidad importante de pacientes al momento de su alta y hasta un año después.

Elena Medina-Mora Icaza recordó que las personas que enferman de covid-19 padecen dolores de cabeza, alteración de conciencia, convulsiones, ausencia de olfato y gusto. Además, los científicos realizan hipótesis sobre otro tipo de complicaciones encontradas en autopsias de pacientes.

Durante la pandemia, la prevalencia de trastornos de ansiedad y comportamientos de tipo antisocial fue mayor en jóvenes de entre 12 y 17 años, el mismo grupo que ahora ocupa el segundo lugar en el aumento de consumo de drogas. Mientras que la prevalencia de trastornos mentales aumentó en la población de 18 a 26 años.

“Tenemos a favor que durante este periodo la enfermedad mental se ha vuelto muy visible y vemos una disminución del estigma. Esperamos que el aprendizaje de la pandemia nos permita dar una mejor atención a las personas que enferman”, expresó.

La también integrante del Colegio Nacional señaló que la pandemia de covid-19 visibilizó las enfermedades mentales en un contexto en el que 30% de la población presenta un trastorno en algún momento de su vida y en el que 75% de éstas no recibe un tratamiento.

Si los trastornos no se tratan de forma médica pueden ocasionar un costo social elevado e impactar en el Producto Interno Bruto (PIB) en forma de estudios truncos, desempleo, ausentismo por enfermedad o pérdida de productividad, advirtió.

En este sentido, recordó que las personas con enfermedades mentales graves fallecen 15 o 20 años antes que la población general, y que una parte importante de los que enferman lo hacen antes de llegar a la edad adulta, por lo que suelen sufrir durante años si no tienen acceso a modelos de tratamiento.

“El reto es llevar atención a las poblaciones que lo requieren”, comentó, y resaltó la importancia de mejorar el sistema de salud y las intervenciones en la comunidad para acabar con los determinantes sociales que afectan la salud mental y afrontar el futuro.

La experta subrayó que se debe prevenir el aumento de los trastornos, proteger a quienes los tienen e implementar intervenciones de salud pública que permitan cuidar a los profesionales de la salud y a los cuidadores de los enfermos.

Asimismo, disminuir la desigualdad con políticas públicas, sobre todo después de la pandemia, cuando la sociedad tendrá que enfrentarse con una combinación de desesperanza, pobreza y violencia que retará su capacidad para atender esos padecimientos.

“Los determinantes sociales que aumentan la probabilidad de enfermedad deben atenderse al mismo tiempo que el padecimiento, porque el tratamiento médico, psicosocial y psicoterapéutico no es suficiente si no atendemos también las desigualdades”, concluyó.

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