#PuntoV: Diputadas, no pastoras

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Por Itzel Grajales

Usted, yo, cualquier persona tiene derecho a asumir una postura respecto al aborto. La libertad de pensar y opinar sobre un tema tan controversial debe prevalecer en este país; pero cuando se ostenta un cargo en el que se toman decisiones públicas no es opcional, sino obligatorio, hacer a un lado toda creencia religiosa, y actuar para garantizar los derechos humanos. Sin más.

A las diputadas y diputados no los elegimos para que nos adoctrinen (para eso están las iglesias, y ahí también las opciones son muchas); sino para que a partir de un análisis objetivo de la realidad, presenten y apoyen iniciativas de ley que mejoren la vida de la gente, otorguen libertades y permitan a los grupos vulnerables el acceso a más oportunidades en condiciones de igualdad.

En los Congresos no queremos pastores ni predicadoras ni rezanderas. Queremos personas dispuestas a informarse y sobre todo a escuchar a todos los sectores, especialmente a quienes piensan diferente, porque no se trata de llegar a un espacio de representación popular para que se encierren en una burbuja y solo atiendan a quienes coindicen con sus posturas personalísimas.

En un Estado laico del que supuestamente gozamos, debería haber una sanción ejemplar para las diputadas como Janette Ovando; es más, ésta debería ser destituida por presentarse en carácter de legisladora en eventos donde muestra su apoyo a proyectos que, desde una creencia religiosa, no científica, buscan ir en detrimento del derecho a decidir de las mujeres.

A Janette Ovando y a las otras diputadas que se asumen “próvida” no les exigimos que nieguen a su Dios ni que dejen su religión; pueden creer en lo que ellas quieran, en una piedra, en los aluxes o en la energía, si quieren; pero eso sí, el tufillo de pastorcillas moralinas deben dejarlo en el ámbito privado, ahí donde no cobran una dieta de casi 70 mil pesos mensuales.

Y es que resulta indignante, grosero, repulsivo, tener representes populares que apoyan abiertamente un producto cinematográfico como “Inesperado”, la historia (al más puro estilo del churro mexicano de“La Santa Muerte») de una activista que después de haber permitido más de 22 mil abortos, no encuentra paz ni consuelo porque supuestamente presenció un aborto monstruoso que la hizo cambiar de opinión, y ahora piensa que los fetos tienen el anhelo de ser ingenieros, astronautas o policías.

En la presentación que en Tuxtla Gutiérrez encabezó el actor, y en este caso productor, Eduardo Verástegui, estaba Janette Ovando; y no es que haya sido la única diputada local en asistir, pero lo que resulta inaceptable es que ella sea la presidenta de la Comisión de Igualdad de Género del Congreso del Estado… ¡Cómo diablos asignaron las comisiones! Quien lo hizo no tiene criterio alguno.

En un sinsentido, las legisladoras chiapanecas se comprometieron a hacer el papel de embajadoras del castigo divino, de la salvación condicionada y la oración por las más jodidas… claro, desde sus lujosísimas camionetas y oficinas climatizadas, donde seguramente suenan mejor las alabanzas.

Desde su comodísima posición aplaudieron la participación como presentadora de Sasil de León Villard, una joven que vergonzosamente es senadora por Chiapas, después de haber sido secretaria para la igualdad de las mujeres durante el sexenio de Manuel Velasco, de donde –en un acto de magia- desapareció millones de pesos que debían ser destinados para beneficiar a las mujeres más pobres.

En este escenario de lo absurdo que se llama Chiapas, a las mujeres menos informadas, a las que lucran con la pobreza, a quienes no tienen ni la más mínima noción sobre la igualdad de género, a éstas las colocan en espacios claves para las mujeres, en lugares donde podrían asegurar un mejor futuro para las niñas y las adolescentes. ¡Qué lástima! Que ahí estén remedos de pastoras que anteponen su “fe”, pero les gusta, y mucho, el dinero.

“Pude ver que fue como si se retorciera y peleara por su vida”, “Señor, te encomendamos las almas de estos cientos de niños”, “Soy cómplice de más de 22 mil abortos”, “Fuiste un bebé desde el momento de la concepción”, son algunas frases que eligieron para el trailer de esta película dirigida por Chuck Konzelman, conocido por “Dios no está muerto”, y “El poder de la cruz” (ya sabrá qué esperar).

Aquí en la capital, el productor Eduardo Verástegui advirtió que, con el apoyo de estas “representantes populares”, buscará proyectarla en todos los rincones de Chiapas, en escuelas públicas y privadas; y también presumió que a nivel nacional cuenta con el respaldo de otras tantas legisladoras como Lilly Téllez (sí, la misma que con cara de ‘fuchi’ tomó un pañuelo verde que grupos feministas colocaron en su curul, y lo arrojó como basura).

Si le quedara duda sobre el mensaje religioso que intentan sembrar en los niños, niñas y jóvenes con esta película, debe saber que la empresa que la produce es Pure Flix, y únicamente trabaja con proyectos relacionados con el cristianismo evangélico; además de que la canción que eligieron para el filme es “Unplanned”, escrita por Matthew West, un músico cristiano.

A la presentación de este tipo de proyectos que no les significan ningún reto ni aprendizaje, prefirieron asistir la señora Ovando y otras embajadoras; aunque hubiera sido bueno verlas en el Congreso no religioso que organizaron grupos feministas hace unos días. Ahí, donde muy clarito explicaron que es necesaria una reforma para garantizar EL DERECHO A DECIDIR.

Podrían haber entendido que despenalizar la interrupción del embarazo, que legalizarlo, no obliga a nadie a abortar, pero permitiría que las que no viven como ellas: las niñas violadas, las indígenas con tres o cuatro hijos, las más pobres, las que quieren continuar con sus estudios, o incluso las que sufrieron un aborto voluntario, tengan un mejor futuro, distinto a una maternidad forzada o, en el peor de los casos, la cárcel.

Señora Ovando y el resto de las embajadoras de los fetos ingenieros: no se trata de que todos estemos a favor del aborto. Lo que esperamos de ustedes es que guarden sus rosarios y sus biblias; le den una leída a la Constitución y a los tratados internacionales, y escuchen otras voces. En pocas palabras, que se pongan a trabajar.


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